Tenía 23 años y toda la certeza del mundo. Había conseguido la franquicia de Del Sol para Chile — ropa y accesorios que cambiaban de color con el sol, tecnología de NASA, más de 100 tiendas en el mundo. Abrí la primera tienda del país. Le dije a mi hermano: este producto se vende solo.
Puse todos mis ahorros, pedí un préstamo, y empecé. Un mes tras otro viendo cómo el dinero se iba. La segunda tienda, en la playa más concurrida del país, tampoco funcionó. Cerramos las dos tiendas en menos de un año.
Fui a buscar ayuda a un exitoso consultor de negocios — el padre de un amigo, Harvard MBA, poco tiempo para todo el mundo. Me recibió 30 minutos. Su diagnóstico: "Tienes un problema de marketing. No estás llegando a suficiente gente."
Hice exactamente eso. Conseguí cobertura en el segundo diario más leído del país, entrevistas de radio, artículos online. Mucho ruido, cero ventas. El negocio igual cerró.